Conoce los 3 niveles de la economía circular para productos de consumo masivo

Tres pasos de la economía circular

La economía circular es uno de los conceptos más citados cuando se habla de sostenibilidad empresarial, innovación o transición productiva. Sin embargo, en la práctica, muchas iniciativas circulares no logran el impacto esperado porque se enfocan en acciones aisladas y no en el sistema completo donde se generan las decisiones.

Con ese contexto, nos centraremos en revisar el proceso para los productos de consumo masivo, en donde los volúmenes son altos y los márgenes ajustados.  Y, donde implementar economía circular requiere algo más que buenas intenciones: exige criterio técnico, diseño consciente y gestión de flujos.

Una forma clara de ordenar este desafío es entender la economía circular como un proceso que se implementa en tres niveles complementarios: producto, operación y sistema (cadena de valor). Ese marco es clave para identificar dónde actuar, qué decisiones priorizar y cómo evitar errores comunes.

Economía circular: una cuestión de diseño, gestión y coordinación

Desde una perspectiva técnica, la economía circular busca mantener el valor de materiales y productos el mayor tiempo posible, reduciendo la extracción de recursos vírgenes y minimizando pérdidas a lo largo del sistema. Esto implica intervenir en procesos para definir, cómo se diseña un producto, cómo se fabrica y gestiona dentro de la empresa y qué ocurre con él cuando este sale al mercado. Cuando estos niveles no se abordan de forma coherente, la circularidad se queda en declaraciones o pilotos sin escala.  Los tres niveles de los que hablamos son:

Primer nivel: el producto, la circularidad se decide antes de fabricarlo

Muchas de las opciones (y limitaciones) para una gestión circular se definen antes de que el producto exista físicamente. Aquí la pregunta central no es “cómo reciclar”, sino: ¿qué tan circular puede llegar a ser este producto dadas sus decisiones de diseño?

En productos de consumo masivo, hay que tener en cuenta 4 aspectos claves: selección de materiales (monomaterial vs combinaciones complejas), arquitectura del producto o envase (facilidad de separación y desmontaje), vida útil esperada y resistencia al uso y, claridad de la información para el consumidor sobre su gestión posconsumo.

Un producto puede tener un alto volumen de ventas y, al mismo tiempo, una capacidad de circularidad muy limitada si su diseño dificulta la recuperación de materiales o genera residuos de baja calidad. En este nivel, la economía circular no se mide en toneladas recuperadas, sino en opciones futuras habilitadas o bloqueadas por el diseño.

Segundo nivel: la operación, donde la circularidad se vuelve gestión diaria

Una vez definido el producto, la economía circular pasa al terreno de la operación. Aquí deja de ser un concepto y se convierte en gestión cotidiana de flujos. El foco cambia pues ya no se trata de algo potencial, sino de pérdidas reales que en el caso de productos de consumo masivo, se manifiesta en:

  • mermas de materia prima
  • reprocesos
  • desperdicio de empaques
  • residuos generados por ineficiencias operativas

Desde una mirada circular, estos elementos no son simplemente “costos operativos”, sino indicadores de valor que se está perdiendo. En este nivel, las empresas comienzan a analizarse como sistemas de entradas y salidas: ¿cuánto material entra?, ¿cuánto se transforma en producto?, ¿cuánto se pierde? y ¿cuánto termina como residuo? 

Entonces, la economía circular se acerca más a la ingeniería y a la gestión de procesos que a la comunicación de sostenibilidad. La mejora circular se traduce en eficiencia, control y reducción de riesgos, no solo en cumplimiento ambiental.

Tercer nivel: el sistema, cuando la circularidad depende de otros actores

El tercer nivel es el más complejo y, a menudo, el más subestimado pues se trata del sistema o cadena de valor. En este punto, la empresa ya no controla por sí sola el destino de sus productos. Y, en el caso de los productos de consumo masivo, hay que plantearse preguntas como: ¿qué ocurre con el producto o su envase después de su uso?, ¿existe infraestructura real para su recolección y clasificación?, ¿qué incentivos tienen los consumidores para devolverlo o separarlo?, ¿quién asume los costos de la recuperación?

Aunque un producto esté bien diseñado y la operación sea eficiente, la circularidad falla si no existe un sistema funcional de recuperación.

Aquí la economía circular se convierte en un problema de coordinación entre productores, distribuidores, gestores, recicladores y reguladores.

En este nivel, conceptos como logística inversa o Responsabilidad Extendida del Productor (REP) aparecen no como soluciones mágicas, sino como mecanismos para organizar responsabilidades, costos y flujos.

El marco de los tres niveles no es una receta única. Cada empresa, producto y mercado presenta condiciones distintas. Sin embargo, usarlo como guía permite ordenar decisiones, priorizar esfuerzos y evitar falsas soluciones.

En economía circular, avanzar no significa hacerlo todo al mismo tiempo, sino entender dónde intervenir primero y cómo conectar los niveles para generar impacto real.

Artículo escrito por Jorge Alcázar:  jalcazar@proyeccionfutura.com